miércoles 2 de diciembre de 2009

LOS BUENOS TAMBIÉN SUFREN



"Todos los días los noticieros nos ponen en contacto con el sufrimiento humano: terremotos en Armenia, inundaciones en India, huracanes en el Caribe, hambre en Etiopía, gente joven que muere de cáncer, miseria, pobreza, opresión. ¿Por qué es que Dios permite estas cosas? Más específicamente, ¿por qué es que la adversidad ataca tantas veces?"
Pablo Deiros

Preguntas como éstas salen al aire en miles de hospitales, cárceles, funerarias o conversaciones de café. La mayoría de ellas se quedan sin respuesta. A veces quisiéramos que alguien nos explicara lo inexplicable o que apareciera un maestro con una pizarra y una fórmula matemática para mostrarnos por qué nos pasa lo que nos pasa. Y la sorpresa es que ni aún así lo entenderíamos.

Es difícil entender el sufrimiento humano, pero se hace más ligero cuando lo observamos a la luz de la verdad y de la vida. Es difícil entender lo que nos pasa, pero se hace más trascendente cuando le damos un verdadero sentido.

Algunos están tan malacostumbrados a relacionar la religión o el “ser buena gente” con una vida sin problemas que llegan a creer que por rezar, ser "buenos" o ayudar al prójimo ya están excluidos de la lista de penas y angustias humanas.

Otros sufren más por lo que interpretan que por lo que realmente les pasa. Sufren más por taladrar su mente con la pregunta: “¿Por qué a mí?”, que por la esencia misma del suceso.

De hecho, una de las cosas con las que más me encuentro en mi camino como Coach y Terapeuta es la falsa creencia de muchos de pensar que los que nos dedicamos a apoyar a los demás tenemos una vida color de rosa llena de conejitos saltando y hadas madrinas volando y que por tal razón decimos lo que decimos “y hablamos tan bonito” como dicen algunos por ahí.

Lo más sorprende es que una gran mayoría de los que nos dedicamos a esto decidimos esta vocación precisamente después de vivir el dolor en carne propia, y tiempo después lo pudimos reencuadrar positivamente para compartir con la gente.

En otras palabras, problemas todos tenemos. Nadie está blindado ni está exento de recibir los golpes de la vida. Todos en algún momento recibiremos una llamada, una carta, un correo electrónico o unas palabras que harán que nuestra vida gire 180°.
A estas alturas he podido entender mejor que nunca que Dios no se ríe de nuestros planes, SE CARCAJEA de una manera imponente y amorosa; porque sabe que aunque las cosas no van a salir como nosotros humanamente las planeamos, existe algo mucho mejor por venir.

¿Qué pasaría si sólo sufrieran los malos, los asesinos, los desalmados, los culpables? Definitivamente, como menciona Maithe Ortiz, no se produciría ninguna reacción en nosotros, sentiríamos que se hizo justicia pero no nos percataríamos de lo afortunado que somos, de lo maravilloso que es vivir. Si el dolor no estuviera presente, no valoraríamos nuestras alegrías, familia, nuestros hijos, nuestra salud.

Si hoy estás pasando por un momento de dolor o sufrimiento te tengo noticias: ni es castigo de Dios ni es una jugarreta del destino. Lo que estás viviendo hoy es simplemente una pieza del rompecabezas de tu plan perfecto. Tan perfecto que está especialmente estructurado para que toques fondo y ahí te ofrezcan dos puertas que definirán el resto de tu vida: Cambiar o estancarte.

Crecer significa cambiar, e implica riesgos, pasar de lo conocido a lo desconocido. El cambio tiene su momento, las flores no crecen estirándolas. Cambiar incluye dolor y placer; dolor por lo que dejas y placer por lo que estás a punto de recibir si decides dar el paso.

Y desde luego que en cualquier proceso de cambio también uno puede toparse cara a cara con el sufrimiento, sobre todo cuando esa necesidad de cambiar surge por un suceso inesperado. Es ahí cuando nos llevan a un mundo desconocido pero que tenemos que conocer para ir del otro lado a una mejor experiencia. Una experiencia que ya estaba escrita para nosotros y que nos ayudará a crecer.

Detrás de una experiencia negativa siempre existe una bendición. El sufrimiento trae un regalo bajo el brazo; algunos tardan más en descubrirlo pero siempre llega, aunque ni nos demos cuenta. Un regalo que nos dice: “Todo va a estar bien, esto también pasará”. Un regalo que resulta ser una mejor oportunidad, iniciar un nuevo proyecto, encontrar una nueva y mejor pareja, unir más a la familia, conocer un lugar mágico o simplemente descubrir esa cualidad escondida.

Cada lágrima derramada es señal de limpieza y purificación en el alma. Por cada lágrima existen cientos de caricias de la vida. Todo sufrimiento visto como pasar de la obscuridad a la luz, del crisol al oro, representa una oportunidad de crecimiento que no sólo nos hace mejores seres humanos sino más sensibles frente a las necesidades ajenas. Los buenos también sufren. Y también los malos, feos, bellos, chiquitos, altos, gordos, flacos… No hay una receta para evitar las sorpresas de la vida, pero sí hay una forma para aprovecharlas como se debe. Todo eso que buscas está en tu interior. Todo radica en la capacidad que tenemos para transformar esa “injusticia” en una experiencia de desarrollo y crecimiento.

Frente a una experiencia difícil... ¿Dolerá? Lo más probable ¿Llorarás? Desde luego e inclusive te lo recomiendo ¿Por cuánto tiempo? El que tú honestamente necesites. Los grandes hombres saben que no es lo que les pasa, sino de qué forma observan y descubren lo bueno, en lo malo de lo que les pasa.

Estancarse es precisamente querer que pase lo que no pasará o regresar a esa persona que ya no estará. Estancarse es castigarse, herirse, echarle la culpa a todos. Estancarse es permanecer en la negatividad. Estancarse no es una opción para la gente que quiere crecer. Estancarse es ir muriendo lentamente.

No nos estanquemos, no tengamos miedo al cambio. No tengamos miedo a una situación inesperada y difícil. No se vale sufrir por sufrir como un mero acto de masoquismo. Mejor observemos el sufrimiento como un momento para guardar silencio y descubrir el mensaje que Dios nos quiere enviar a través del dolor. Un mensaje de amor, esperanza y transformación.

P.D. Les recomiendo el libro "El cuidado del alma"! de Thomas Moore.
Este artículo es original de David Montalvo el coach más joven del mundo y modificado por mí para todos ustedes en base a lo que quería transmitirles.

Ondina Patricia Pilca
Terapeuta/ Coach profesional

domingo 1 de noviembre de 2009

UNA LECCIÓN DE VIDA… DESDE LA POSIBILIDAD DE UNA MUERTE…


Por: Ondina Pilca

“Me guste o no, voy a ser abandonado por cada persona, por cada cosa, por cada situación, por cada etapa, por cada idea, tarde o temprano, pero inevitablemente. Y si así no fuera, si yo me muriera antes de que me dejen y no quiero aceptar que de todas maneras todo seguirá sin mí, deberé admitir que seré yo el que abandona y sería innoble no estar alerta, para no retener, para no atrapar, para no apegar, para no encerrar, para no mentir falsas eternidades incumplibles. ¿Cuánto puedo yo disfrutar de algo si estoy cuidando que nada ni nadie me lo arrebate?”
Jorge Bucay “El camino de las lágrimas”


Y comienzo con este pasaje, de un libro que me parece que todos deberíamos leer y digerir, porque apenas hoy estoy saliendo de una situación de riesgo en la que se encontró mi mascota… situación que me obligó a estar muy cerca de ser abandonada por esta compañerita incondicional que ha estado junto a mi, durante siete años.

Gracias a Dios hoy es solo una anécdota… anécdota que me sirvió para revisar mis apegos, para darme cuenta de cuan alejados vivimos de estar concientes de la MUERTE, de las separaciones, de los desencuentros… de cuán aferrados estamos a las personas, las ideas, los recuerdos, las mascotas, relaciones, trabajos, proyectos, etc.… por miedo a ENFRENTAR EL DOLOR… EVITAR LA PENA Y NO ENFRENTAR EL VACÍO!

Entonces prefiero traer a mi memoria todo aquello que sencillamente ya no está, repito… por no sentir el vacío, por no sentir el dolor, por permanecer en un lugar cómodo dentro de mí que no me permita contactar con que eso a que me aferro ya no esta, o existe la posibilidad de que ya no esté… o se acabó a se acabará!

Por supuesto nada de esto es sencillo… con el ingrediente adicional de que vivimos en una cultura de la NO MUERTE!... la negamos, la esquivamos, la evadimos, nos llenamos aunque sea de lo que ya no está, para no sentir!

Y así vivimos entre recuerdos de gente que ya no está, proyectos que ya no funcionan, relaciones que ya cambiaron o caducaron, formas de ser que ya no nos sirven, cosas que ya están vencidas… no concientes de que aprender a “DEJAR IR Y APRENDER A SOLTAR” , es el único pasaporte verdadero para crecer, para madurar y para poder abrir un espacio a lo nuevo.

"Lo importante no es que tu vida sea bella… más bien es que en tu vida quepan cosas nuevas… "

Por supuesto que si mi mascota se hubiese muerto, en este momento estaría desgarrándome del dolor, estaría elaborando mi duelo y hasta seguramente no hallaría consuelo posible para mi pena… pero seguro algún día se va a morir y aunque nadie está preparado para el tema de la muerte… ES LO ÚNICO SEGURO QUE TENEMOS EN LA VIDA!

Valentina… mi mascota! Me ha entregado una lección de vida a través de la posibilidad de su muerte… porque esto me hizo estar más conciente de “Mi aquí y mi ahora” y de no caer en la fantasía de que todo permanecerá inalterable en mi mundo, como tantas veces hacemos… vivimos como si los demás van a estar siempre de la misma manera y respondiendo de la misma forma… como si lo que tengo va a estar siempre igual… como si yo fuera la misma que ayer… y nos resistimos a los cambios, que forman parte del ciclo natural de vida…

Ella me dio una lección de aceptación… porque en ningún momento la vi resistiéndose a su proceso… al contrario… la observé entregada a su proceso!

Hay que aprender a: ACEPTAR LO QUE YA NO ESTÁ SEA LO QUE SEA, ELABORAR LOS DUELOS, SOLTAR Y DAR PERMISO A LO NUEVO que hay detrás de cada muerte… sea lo que sea que muera… siempre hay algo que muere dentro y fuera de nosotros a diario, para dar paso a lo nuevo!

Permitamos que lo nuevo entre en nuestras vidas!

Valentina… ya no es la misma que antes de su operación!

Yo ya no soy la misma, luego de vivir esta experiencia!

lunes 5 de octubre de 2009

El día que trataron de matar al amor

Por Ondina Patricia Pilca

Queridos lectores:
En ésta oportunidad, quise suavizar un poco las lecturas con este artículo que encontré en la página de un colega, el coach más jóven del mundo David Montalvo.
Espero la disfruten y sobre todo, sepan vencer la RUTINA... para que no muera el AMOR.
Hubo una vez en la historia del mundo, un día terrible en el que el odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes convocó a una reunión urgente con todos ellos.
Todos los sentimientos negros del mundo y los deseos mas perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cual era el propósito.

Cuando estuvieron todos hablo el Odio y dijo: “los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien".

Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el Odio que estaba hablando y el siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre si quien seria tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos.

Quiero que maten al Amor", dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más que uno le tenía ganas.

El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: Yo iré, y les aseguro que en un año el Amor habrá muerto, provocare tal discordia y rabia que no lo soportara". Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del Mal Carácter quedaron tan decepcionados. Lo siento, lo intente todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante.

Fue entonces cuando muy diligente se ofreció la Ambición que haciendo alarde de su poder y dijo: En vista de que El Mal Carácter fracaso, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y por el poder. Eso nunca lo ignorará. Y empezó la ambición el ataque hacia su víctima quien, efectivamente cayo herida pero después de luchar por salir adelante renuncio a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.

Furioso el Odio, por el fracaso de la Ambición envío a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar el amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas.Pero el Amor confundido lloró, y pensó, que no quería morir y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.

Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envío a la Frialdad, al egoísmo, a la Cantaleta, La Indiferencia, la Pobreza, La Enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre porque cuando el Amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.

El Odio convencido de que el Amor era invencible les dijo a los demás: Nada que hacer. El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos. De pronto de un rincón del salón se levanto un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre surostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte:
"Yo matare el Amor", dijo con seguridad.

Todos se preguntaron quien era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido. El Odio dijo, ve y hazlo".

Tan solo había pasado algún tiempo cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después de mucho esperar por fin EL AMOR HABIA MUERTO.

Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: Ahí les entrego el Amor totalmente muerto y destrozado y sin decir más se marchó.

Espera...dijo el Odio, en tan poco tiempo lo eliminaste por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿¿Quien eres??

El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo:

SOY LA RUTINA.

martes 1 de septiembre de 2009

¿Sentirse solo o estar desolado?

Por Ondina Patricia Pilca

La soledad es un sentimiento que se nos hace presente en varios momentos de la vida bajo diferentes matices.

A veces estamos solos… a veces estamos o nos sentimos desolados… ¿la diferencia?... la soledad es buena cuando necesitamos poner orden en nuestras vidas, en aquellas circunstancias que nos obligan a cambiar de ruta; en aquellas, que se nos hace necesario hacer un alto para tomar decisiones importantes o para “remodelar” nuestros espacios de “insatisfacción”.

Por el contrario, cuando se está desolado… se vive buscando llenar esa desolación (sin conseguirlo) con todo lo que pueda venir de afuera a llenar ese espacio muy incómodo por cierto, en donde nada parece satisfacer nuestras necesidades de afecto, reconocimiento, amor, etc.

En la actualidad tenemos una “urgencia” de rescatar el respeto y la solidaridad como fenómenos que dan cuenta de una necesidad de retorno a la búsqueda de unión y cooperación, distintivos y necesarios como auténticamente humanos.

Objetivamente la desolación total no existe, entendiendo por esto que la persona nunca se encuentra totalmente aislada o incomunicada, es una sensación interna de vacío acompañada de un “sin sentido”.

No obstante hay momentos en la vida en los cuales uno se encuentra desolado. Por ejemplo, en los albores de la juventud, en circunstancia de ir abandonando la infancia, en ese sentimiento de que alrededor no hay nada, que el vacío que circunscribe al cuerpo es abismal, a veces solo suele encontrase una mano de otra persona con quien llorar el terror que produce esta desagradable sensación.

Crisis, decisiones personales y diferenciaciones con los otros, nos ubican también, al borde de esos abismos en que la mano salvadora que se encuentra, solo suele ser la convicción de que esto es un estado pasajero que se ha elegido pasar, para poder avanzar mejor en la vida.

Cuando se deja de compartir las vivencias, afecto, forma de ver el mundo, la angustia por las pérdidas es la mejor semejanza que se tiene para saber que se ha sentido en los momentos del nacimiento en donde arrojados a un mundo desconocido y hostil nada se sabe, de que se trata ni que vendrá, sabiendo que no se es arrojado sino que es una decisión de nacer hacia algo nuevo por que el mundo anterior ya queda pequeño y asfixiante… únicamente aceptando este estado, es que se puede volver a caminar, y en esta ocasión por los propios medios y con las propias decisiones.

Como adultos estamos solos en lo que compete a la responsabilidad de nuestras vidas.
Siguiendo con la denominación anterior podemos mencionar soledades parciales tales como: de pareja, laboral, de amigos, de nido vacío, de lugares de pertenencia etc.

Ahora bien, esto nos lleva irremediablemente a la pregunta sobre si ello seria sentirse desolado o estar solo y como reaccionaremos frente a esto.

Muchas veces, en el afán de no sentirnos desolados llenamos los espacios de actividades y de gente, lo que no necesariamente redunda en dejar de sentir esa sensación, el reencuentro con ella, luego de percatarnos que nada de ello nos llena… suele ser más patético, más duro y con más daños a nuestro mundo interior.

Otras veces la invasión de reclamos hacia los otros lleva a empeorar la situación por el rechazo que esto produce en los demás.

También puede suceder que se está acompañado físicamente mediante vínculos dañinos y destructivos o por lo menos no gratificantes, empeorando nuestra salud física, mental y hasta espiritual.

Es importante realizar un llamado a la reflexión sobre la posibilidad de disfrutar de determinados momentos de soledad.

Resulta apropiado señalar que hay instancias de cambios y cuestionamientos externos y/o internos, en los cuales se está solo y sentirse así es adecuado y por demás saludable!

Todo esto nos hace cuestionar el término soledad como algo estrictamente negativo. El flexibilizar nuestra mirada nos permite ahondar en nuestras creencias a los fines de considerar que podemos contar o encontrar a alguien que nos acompañe y que si bien no siempre encontramos satisfacción en algo o alguien en particular, siempre podemos hacer algo con esto… hacernos cargo como adultos de nuestra SOLEDAD!

Y tú… ¿Te encuentras solo(a) o desolado (a)?

sábado 1 de agosto de 2009

Pérdidas y cierre de ciclos...

Por: Ondina Patricia Pilca

Desde hace algunas semanas atrás, he venido experimentando y tomando contacto con la muerte; de alguna manera me he acercado a lo que tanto le he temido en mi vida. No solo por el echo en sí que implica el decir adiós, a lo que hasta hace pocos momentos estuvo conmigo… más bien por el desagradable contacto con los espacios vacíos que dejan esas pérdidas.

Perder una pareja, una madre, una mascota, un triunfo, una meta, una vida, etc. Implica estar muy concientes de lo “aferrados” que podemos estar a cada una de ellas por temor a quedarnos “desolados”.

Jorge Bucal expresa lo siguiente en su libro “Las tres preguntas”:

“Cada pareja termina de una u otra manera
Cada triunfo se acaba
Cada meta puede volverse inalcanzable
Cada momento pasará
Cada vida llega a su fin

Aunque, cada vez que algo se va deja lugar a lo que sigue… cada vez que algo llega, desplaza a lo anterior, que deja de ser.”

Es por ello, aunque se que no es tarea fácil, la importancia de saber “dejar ir”… dejar marchar… dejar morir… aquello que naturalmente nació y obviamente naturalmente también tiene que morir.

Además de las muertes de personas y seres queridos, hablo también de lo importante que es tomarnos unos instantes, para sentarnos a evaluar todo aquello que tal vez, ya esté tan muerto en nuestras vidas… que ya huele mal y que por temor a quedarnos vacíos, nos empeñamos en mantenernos aferrados a ello (conceptos, ideas, maneras de relacionarnos, vínculos, etc.) y soportamos el mal olor… truncando el espacio para lo nuevo y lo limpio, que trae cada despedida.

En el caso de las relaciones, a veces hay vínculos que ya están muertos… no con esto quiero decir que hay que eliminar a la “persona”… se trata de evaluar ese vínculo y colocarlo en el lugar correcto… porque todo en la vida es cambio… lo más seguro de la vida es el cambio! Y las relaciones cambian... los vínculos se transforman!

¿Qué es lo queda de ese vínculo en mí? ¿Qué queda de mí en ese vínculo?

Entonces, nos podemos dar cuenta de que permanecemos aferrados a lo que ya no existe… y por supuesto lo que tenemos es solo “relleno” en donde antes existió “esencia”.

No podemos seguir eligiendo a quien ya no está, no podemos seguir aferrados a propósitos que ya han cambiado, a modos de vivir vencidos, a ideas, a posturas religiosas, empleos, formas de ser y formas de actuar que ya no nos funcionan… sin embargo, es mucho más fácil quedarse en lo que ya no está, lo que no funciona o lo que esta vencido, que contactar con el dolor y el miedo que implica “vaciar”.

Por eso, evaluar lo que ya huele mal, practicar el desapego y dejar ir… elaborar duelos y darle paso a lo nuevo, es capitalizar ese dolor que implica toda pérdida y el resultado de asumir una renuncia, de aceptar el cambio y aprender a soltar.